Güevo Wine es un acto de rebeldía que pretende transformar el vino y su consumo
Bodegas Langa es una de las bodegas con más historia de Aragón. Fundada en 1867, hoy es la 5ª generación, encabezada por César Langa, quien impulsa proyectos singulares que desafían las convenciones del sector. “El mundo del vino repite demasiados patrones, necesitábamos hacer algo realmente distinto”, apunta César. Esa diferencia llega con Güevo Wine, un vino que se reivindica como único e irrepetible y que combina variedades tradicionales, un sistema de criaderas y soleras, y un envase disruptivo: un huevo de hormigón. El proyecto nace tras 10 años de investigación y ha dado lugar al método Ethernum, una nueva filosofía de elaboración con un objetivo claro: “recuperar al consumidor y enamorar a los jóvenes”.
¿Cómo se mantiene vivo el espíritu de aquella primera bodega fundada en el siglo XIX por Mariano Langa Gallego?
No siempre es fácil, pero siento un enorme orgullo de poder seguir aportando historia a nuestro legado familiar, que ya supera los 150 años. Siempre con la vocación de mejorar para las futuras generaciones. Dedicarme a lo que me apasiona, en el lugar donde he crecido, es un privilegio.
Y ese legado crece con un proyecto tan innovador como Güevo Wine. ¿Cómo surge la idea?
Güevo Wine nace de un doble impulso. El primero, personal: estaba cansado de ver como el sector se repetía, cómo teníamos que buscar siempre el beneplácito de los gurús. Necesitaba un proyecto que me devolviera la ilusión y que dependiera solo de mí.
¿Y el segundo motivo?
El consumo de vino está cambiando muy rápido. La gente joven está desconectada, el consumo mundial cae… Necesitamos un giro de 180º, un producto capaz de generar interés, de llegar al consumidor y de empoderarlo. Una manera de hacer vino que rompa reglas y abra ventanas para dejar entrar aire fresco.
El nombre, el envase… todo es una declaración de intenciones. Pero el centro del proyecto es el método Ethernum. ¿Cómo se desarrolla?
Siempre sentí la necesidad de crear algo que no siguiera las fórmulas de siempre, y esa búsqueda dio forma al proyecto. Tras diez años de trabajo desarrollé un método reconocido por la Unión Europea por su carácter innovador. El vino se cría en un huevo de hormigón que funciona como un organismo vivo: las levaduras indígenas del viñedo siguen aportando matices y la microoxigenación del material permite una evolución estable que refleja fielmente el ADN microbiológico del Valle del Frasno. No buscamos “el mejor vino del mundo”, sino un producto genuino y con identidad.
“Una obra única, en constante evolución”
Un vino de origen con un proceso singular. ¿Qué viene ahora?
Un sistema de crianza y un envase únicos. Trabajamos con huevos de hormigón de 1.700 litros, una estructura permeable que permite microoxigenación controlada y mantiene el vino en “maduración viva” incluso tras el embotellado. Esta crianza en el sistema de criaderas y soleras, permite construir una pirámide de distintas añadas. No existe nada igual en el mundo.
Esto convierte cada huevo en un producto totalmente irrepetible…
No hay dos huevos iguales. Cada año, la saca nos permite embotellar unas 2.200 botellas. Es un proceso artesanal, con vinos vivos, que regalan experiencias personales a cada consumidor. Una auténtica maravilla.
Y como complemento a todo el relato, parte de los beneficios se destinan a apoyar comunidades locales. ¿Qué nos dice sobre ese compromiso social?
Queremos que Güevo Wine genere vida. Y todo está pensado para ello. Por ejemplo, la tapa se convierte en una maceta, con semillas en su interior; la caja puede transformarse en un nido para pájaros… Además, queremos vincular el proyecto a asociaciones locales a medida que crezca. No pensamos solo en beber vino, sino en transformar el mundo.
Consumidores que busquen autenticidad
¿Cuál está siendo la respuesta del público?
El impacto inicial ha sido fantástico. El diseño llama mucho la atención, pero lo importante es todo lo que hay detrás desde el punto de vista enológico. Habla a quienes están cansados de consumir siempre lo mismo. No es un producto para quien cree que solo hay una forma de entender el vino. Por eso las ventas serán por cupos: máximo 50 unidades por importador.
¿Cuál es vuestro público natural?
Un consumidor con cierto poder adquisitivo, que busca experiencias y autenticidad. El sector se lamenta de la caída del consumo, pero seguimos ofreciendo los mismos mensajes. Hay que cambiar el relato.
¿Hasta dónde puede llegar Güevo Wine?
Es cuestión de tiempo. Forma parte de nuestra historia: creemos en una manera distinta de elaborar y consumir vino. Estamos en más de 35 países y esperamos consolidarlo en tiendas especializadas y restauración de alta gama. En unos meses tendremos datos del posicionamiento en Europa, América y Asia.
Y un aspecto muy interesante: esta crianza “con memoria”…
Sí, es un sistema dinámico, sin añada, que enriquece el vino y le da continuidad. Garantiza uniformidad pero mantiene la singularidad. Permite literalmente “viajar en el tiempo”: catar desde el año cero y seguir la historia del proyecto. Una oportunidad para formar parte de esta pequeña historia del vino.
Hablas mucho de legado. ¿Qué has heredado de tu padre y qué crees que heredarán tus hijos de ti?
Mi padre sigue activo con 79 años; eso ya dice mucho de su pasión por el vino. Él, en su época, ya fue transgresor: dejó atrás los graneles para embotellar, elaboró el primer cava de la zona y fue fundador de la DO Calatayud. He crecido viendo esa inquietud constante por no conformarse. Y tengo dos hijos, de 16 y 18 años que empiezan a preguntarse por qué hago lo que hago. No es fácil responder: todo esto es un proceso. Quizá algún día ellos también sientan la necesidad de crear algo nuevo.





