Rivales en el mundo del vino: Rosados vs Riesling en la “Guerra del Verano”

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Dos vinos -uno de estilo, otro de uva-, han estado compitiendo inadvertidamente para llenar las copas en la última década. Escribo inadvertidamente porque el Riesling emprendió una cruzada completa para estar en las copas de los consumidores. Pero el rosado, sin una campaña como tal, robó el territorio al Riesling.

La campaña "El verano de Riesling" se impuso entre los profesionales y amantes del vino entre los años 2008 y 2014 (algunos bares de vinos y restaurantes aún lo promueven por su propia cuenta.) Desde el solsticio de verano hasta el equinoccio de otoño, los fanáticos de Riesling lucieron tatuajes temporales #SummerofRiesling mientras intentaban atraer (e incluso forzar) que el Riesling fuese el centro de atención durante el verano. Algunos “wine directors” de vinos enumeraron páginas enteras de Rieslings, mientras que, al menos uno, sólo comentó una lista de  Riesling a copas. En los últimos años durante ese espacio de tiempo, el Château Sainte Michelle de Washington comenzó unos encuentros sobre Riesling, de 3 días de duración, que rota anualmente en tres continentes diferentes.

 

Los principios del Riesling eran nobles. Entre ellos estaban:

1) No es necesariamente dulce.

2) Es muy versátil y puede ser tan digno de una cocina seria, incluso de carne, como de una recepción de cóctel.

3) Es la uva blanca más transparente al terruño.

4) Se puede beber perfectamente cuando es vino joven, pero puede ser extraordinariamente digno con el paso del tiempo.

Sin embargo, más allá de los porcentajes, el Riesling no voló, al menos no tan lejos o tan alto como se esperaba. Sí, su divina trinidad de estimulación intelectual, acidez transfiguradora y perfume complejo pueden ser fascinantes. Aun así, los consumidores no lo aceptaron de la misma manera que recibieron a otro tipo de vino: el rosado seco.

Lo que hizo el Rosé es conseguir hacerse divertido. También se volvió “aspiracional” con estrellas de cine, músicos, ex ejecutivos de sellos discográficos y otros que quisieron hacer vinos rosados. Beber rosado se volvió tan habitual como muchos que quisieron estar en la misma posición que Brad Pitt y Angelina Jolie.

Esta aspiración viene con un peaje en cuanto a los costes. Los mejores rosados ​​provenzales son caros. Sorprendentemente, según un informe de Constellation Brands de 2014, las importaciones de rosado en los EE. UU. cuestan más que las de Pinot Noir. Nielsen, agencia que recopila datos de escaneo de los Estados Unidos sobre la compra de vinos de consumo, informó que durante 2015, el rosado importado que costó de media más de 11€ por botella creció en un 56.4% en volumen y un 60.4% en valor. El rosado provenzal impresionó aún más con un aumento del 58% en el volumen exportado y un salto del 74% en el valor.

Sin embargo, el rosado seco no fue una locura instantánea como lo fue el Moscato. Los Estados Unidos volvieron la espalda al rosado después de los dulces rosados de White Zinfandel de los años 70 y 80. Con el tiempo, la gente comenzó a olvidarse de ellos. Aun así, el rosado permaneció en la mente de la mayoría de los que bebían, como un vino dulce y poco sofisticado. En 2007, rehice las cartas de vinos de restaurantes en la elegante Park Avenue y la calle 63 del Upper East Side. Abrimos con ocho rosados, incluyendo magnums de Domaine Ott. Los vinos quedaron fuera de la lista, gran parte consumida por los propietarios y sus amigos.

Curiosamente, esos propietarios eran del tipo que viajaba a Francia y traía consigo el "estilo rosado" francés. (Por eso abrimos con tantos). También tenían una casa en los Hamptons. Su restaurante de Park Avenue atendía a personas que se movían en el mismo círculo de amistades. Esta multitud “aspiracional” ayudó a hacer tendencia "beber rosa".

El Rosé se convirtió en el "Gatorade de los Hamptons". Los asistentes a las fiestas y los comensales se “hidrataron” con tanta cantidad que en el verano de 2014 las tiendas de vinos en South Fork de Long Island se secaron. El Rosé hizo temblar los cimientos…

Después, el verano de 2015 vió el nacimiento del "brosé", o hermanos ("bros") que beben rosado juntos. La diferencia de género ya no se aplica al líquido rosado. Las damas no tienen que estar presentes para consumirlo.

Ahora que el rosado “lo hizo", ¿qué está por venir?. Espero que el rosado se convierta en una bebida para todo el año, para algo más que fiestas en la piscina y cenas junto a la playa. Así como el vino espumoso no es sólo para celebraciones, el rosado da juego durante todo el año. Por ahora, estoy encantada de ver que la categoría del rosado ha sido acogida con tanto entusiasmo, incluso aunque no me pueda creer cuánto cuestan algunas de las botellas. ¡Felicidades, Rosé, capturaste el verano!

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