109 de Loxarel

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69,00 €
Precio recomendado por:
(Celler Loxarel)
Vino espumoso (95% Xarel·lo)
Celler Loxarel
Penedès
España
Año: 2002

 Comité de cata de Selectus Wines
 3 de septiembre de 2013

De carácter emprendedor y transgresor, Josep Mitjans hace sus primeras mil botellas en 1985 con tan solo 16 años junto a un puñado de amigos, en un antiguo refugio antiaéreo que los republicanos construyeron en el aeródromo de Vilobí del Penedés durante la guerra civil. Loxarel toma su nombre de la variedad reina del Penedés, la uva Xarel·lo, tan denostada hace unos años y tan reivindicada de nuevo como máxima expresión del territorio. La bodega siempre ha practicado una viticultura respetuosa con el entorno y desde hace ya ocho años su metodología se rige por los impulsos biodinámicos, cerrando así un círculo virtuoso en su propia finca de 22 hectáreas.

Vista

Amarillo dorado no muy intenso con burbuja muy pequeña. Ligeramente nublado en copa.

Nariz

Cambiante. De notable intensidad. Evidentes notas que nos recuerdan el constante contacto de las lías. Bollería, paja mojada, frutos secos. Poco a poco aparecen notas frutales maduras muy evidentes, helado de vainilla y pasas.

Boca

Cremoso, con vigor y contundencia. Recuerdos ahora de orejones, almendra blanca y piña en almíbar. Carbónico muy sutil. Bastante largo en boca.

Comentario

Espumoso de calidad sin parangón que ha detonado la salida oficial de la bodega del amparo que otorga el Consejo Regulador del Cava, convirtiéndose así en un vino singular y que deja de regirse por las normativas impuestas por el corsé de la Denominación de Origen. Una liberación necesaria si se quiere retar al mercado habitual con este arriesgado y a la vez excelente espumoso, que toma su nombre de los 109 meses que reposó antes de salir al mercado. Es un espumoso sin maquillaje, sin degüelle previo, es decir, parido con sus lías. Manoproteínas de origen vínico que no son más que levaduras que perecieron en el interior de la botella una vez finalizaron la autolisis y que jamás fueron retiradas, dándonos así la oportunidad de tener un vino en constante evolución. El resultado es un prodigio de la simpleza hecha arte. Un desafiante producto no apto para el consumidor de carácter clásico poco interesado en descubrir más allá de la etiqueta. Una delicia para el que quiera experimentar y plantearse preguntas después de cada sorbo.

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